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Los proximos tres dias

Me hice, hace unos meses, con el estreno de una producción francesa en DVD bastante notable, Pour elle, de Fred Cavayé, de quien ya sabía que tenía remake norteamericano de Paul Haggis, con una estrella de la talla de Russel Crowe. Pues bien, llega a la gran pantalla Los próximos tres días, (The Next Three Days) en la que Haggis traslada los personajes de Cavayé (ambientados en París) a la industrial Pittsburgh, la ciudad de los puentes, volcando algo de la urbana colisión metal/cristal de su oscarizada Crash (2004). Haggis tiene una huella muy particular, que se esfuerza por asomar en cada una de sus creaciones, desde la acción de su escritura como en sus guiones de Million Dollar Baby, Casino Royale, y Banderas de nuestros padres, a la verdad meditada que su enriquecida dirección de actores pretende como en la dirección y producción de En el valle de Elah o Cartas de Iwo Jima.

¿Qué pasa en los pasillos de Hollywood para dedicar dinero y talento a remakes europeos? Sepan que Haggis será el encargado de la versión americana de Celda 211. Ya sea la falta de solidez, la pérdida del norte entre tanta apología esteticista, la hartura de sagas interminables, el sacrificio de verdades históricas, etc. El caso es que la industria más rica del celuloide está enfocando la luz hacia las ideas europeas para crear historias y originalidad, al tiempo que intentan volver a introducir un matiz profundamente humano a lo que se cuenta.

Bien es cierto que no van a perder dinero, y para eso el fichaje de una estrella es imprescindible. De hecho la producción francesa de Cavayé no ha escatimado, tampoco, en estrellas: Vincent Lindon y Diane Kruger son rigurosos y un regalo para el espectador.

Russell Crowe, el último Gladiator y Robin Hood del cine ha sido el elegido para dar vida a un marido que se toma bien en serio eso de en lo bueno y en lo malo. Los Brennan, John y Lara, son un matrimonio que se ama con verdadero compromiso. Tienen un hijo de tres años y unas profesiones cultas. Su vida da un giro opuesto cuando repentinamente, y a la mañana siguiente de una cena fuera, Lara es detenida sin miramientos, delante de su marido y su hijo, acusada del asesinato de su jefa. Su marido se queda desconsolado y al cuidado del pequeño, con alguna ayuda de sus padres, y cree, sin sombra de duda, en la inocencia de su esposa a pesar de que las pruebas son contundentes. Para ayudarla hará lo imposible legalmente y cuando esto no funciona, lo hará ilegalmente. Un maestro que no tiene la más mínima experiencia en el mundo criminal va a tener que aprender lo necesario a base de golpes. Las pautas de un ex presidiario, con la aparición estelar de un estupendo Liam Neeson, le van a implantar en su mente la idea de sacar a su mujer de la cárcel y huir ambos con su hijo lejos del país.

Con la misma estructura que la cinta francesa, es decir, el comienzo entra de lleno en mitad de la acción para seguidamente volver a colocarnos en el principio, la historia permanece inalterable, con algunas salvedades muy hollywoodenses, con respecto al modelo francés. Las escenas de acción de los tres días de Haggis están más conseguidas, redondeadas, sustentadas por un mayor presupuesto. Por el contrario, Cavayé consigue dar más credibilidad a la realidad de los personajes, a su exteriorización de los sentimientos, apartando a un lado el manual de clichés, y eso que hablamos de Haggis, en el lado americano. Quizá la fuerza que tiene Diane Kruger no la posea la partenaire de Crowe, Elizabeth Banks, ni siquiera el mismo Crowe, con toda su enorme normalidad, no alcanza el toque tan común que ofrece Lindon. Cada una es fuerte en lo suyo, y apechuga con sus querencias, pero ambas cuentan algo que parece estar pasado de moda, la importancia del ser querido, contra todo materialismo. Solo por eso aceptamos el final de Los próximos tres días, más logrado en la versión yanqui, y nos quedamos conformes.

Los proximos tres diasThe Next Three Days. Dir. Paul Haggis | 130 min. | EE.UU.

Intérpretes: Russell Crowe (John Brennan), Elizabeth Banks (Lara Brennan), Liam Neeson (Damon), Brian Dennehy (George Brennan), RZA (Mouss), Olivia Wilde (Nicole), Moran Atias (Erit), Lennie James (teniente Nabulsi), Allan Steele (sargento Harris), Ty Simpkins (Luke), Jonathan Tucker (David).
Guion: Paul Haggis; basado en un argumento de Fred Cavayé y Guillaume Lemans para el largometraje francés “Pour elle” (2008).
Música: Danny Elfman.

Estreno en España: 5 de enero de 2011.

El turista es una de esas películas que muestran claramente cómo un realizador talentoso puede desacomodarse en medio de una gran producción, de recursos y expectativas altamente cuantificables y determinantes. En el 2006, el alemán Florian Henckel von Donnersmarck destacó con La vida de los otros, truculenta historia de espionaje y correcta reconstrucción de época de la Alemania socialista de los 80, que ganó el Oscar Extranjero y muchos otros premios. En su momento apreciamos sus virtudes: “luce una puesta en escena meticulosa, que está muy lejos del tremendismo pero que sabe manejar el suspenso y ser impactante, con magnífica disposición del tiempo y el espacio, la luz y la oscuridad, la compañía y el aislamiento, que se contraen o dilatan al ritmo de las tensiones de los personajes y en espera del inexorable encuentro de perseguidores y perseguidos.”

El costo de esa prometedora opera prima no pasó de los dos millones de dólares. Esta vez, los fondos ascendieron a unos cien millones, o sea cincuenta veces más. El director, que había sido el único encargado del guión, ahora compartió la labor con Christopher McQuarrie (Valkyrie, Sospechosos comunes) y Julian Fellowes (La joven Victoria, Gosford Park), y volvió a contar una trama de espías, filmada en Venecia y protagonizada por una dupla tan rutilante –y cara– como Angelina Jolie y Johnny Depp. Entonces, de las mismas manos que labraron un universo propio alrededor del agente Wiesler y sus vigilados, en la presente entrega hay una inconsistente construcción de personajes y falta de ritmo, que muestra a Jolie como Elise Clifton–Ward, una agente británica no muy distinta de su reciente papel de Evelyn Salt, aunque no tan intrépida, y a Depp como Frank Tupelo, un hombre común, profesor de matemáticas de Wisconsin, que hace turismo en la ciudad flotante y se ve envuelto en una persecución que lo asume como un bribón de alto vuelo.

La dicotomía Elise dominante / Frank indefenso es el eje del relato. Luego de pasar por una primera situación de grave peligro, saltando casi divertidamente por los techos venecianos, él se arriesga a seguir cerca de ella, prendado de su belleza y glamour, tan desbordantes que Jolie más parece una estrella del jet set que una discreta oficial. La película es un remake del filme francés Anthony Zimmer (2005), de Jérôme Salle, pero además de hacernos recordar a Salt, que es bastante mejor, nos remite en su concepción básica a la clásica intriga hitchcockiana, tipo Con la muerte en los talones, donde Cary Grant era confundido con Kaplan, un misterioso personaje que se convertía en su sombra, de la sede de la ONU de New York al Monte Rushmore. Sin embargo, la referencia no pasa de la epidermis y se va diluyendo, porque Florian Henckel von Donnersmarck nunca se decide por un tono coherente, oscila entre tomarse las cosas más o menos en serio y una ligereza que convierte la cinta en un divertimento desangelado y tedioso, que forzadamente fue considerado en el último Globo de Oro entre las nominaciones de la categoría Mejor Comedia o Musical (¡!). Tal vez tenga más música, a cargo del experimentado James Newton Howard, que comedia…

El misterio de Alexander Pearce, las marchas y contramarchas de los equipos secretos, las ambigüedades de Elise y Frank, la ansiedad del inspector Acheson (Paul Bettany) por resolver el caso, la arremetida del oscuro Reginald Shaw (Steven Berkoff), todo es un mero trámite de parafernalia que explota el millonario presupuesto y vende Venecia al mundo a costa de los bonos de su autor, que de este modo pierde personalidad fílmica y a la vez fracasa en su ingreso a la liga de las grandes producciones de Hollywood.

The Tourist

Dir.: Florian Henckel von Donnersmarck | 103 min. | EE.UU. – Francia

Intérpretes: Johnny Depp (Frank Tupelo), Angelina Jolie (Elise Clifton–Ward), Paul Bettany (Inspector John Acheson), Timothy Dalton (Inspector Jones), Steven Berkoff (Reginald Shaw), Rufus Sewell (El inglés), Christian De Sica (Lombardi).

Estreno en España: 29 de diciembre de 2010
Estreno en el Perú: 13 de enero de 2011

La calmaEnterados de la buena nueva, contactamos al realizador peruano Fernando Vílchez, para que comparta con nosotros sus primeras impresiones luego de enterarse que su cortometraje La calma estará en la sección oficial Berlinale Shorts, junto a los últimos trabajos de gente como Spike Jonze y Chan-wook Park. Casi nada.

Esto fue lo que nos contó Fernando sobre su corto, sobre su “búsqueda de la paz”:

¿De qué trata La calma? ¿Por qué realizaste este proyecto?
Fernando Vílchez: El proyecto de La calma empieza el 2008. Tenía en mente la historia de una persona que deambula por su ciudad, agobiado por una carga emocional difícil. Estoy hablando de un corto de ficción, en este punto.
Debido a mis labores como periodista me enteré del caso de un hombre que casi había perdido la vida en el terremoto de Pisco. Quedó sepultado y alguien registró su rescate con una cámara.
Empecé a investigar sobre él y entonces noté que en realidad su historia equivalía al personaje que estaba en el guión. En ese momento había que empezar a pensar en una obra que estuviera con un pie en ambos mundos: en el de la ficción que había sido concebida y en el del documental, en la vida real de Jorge Luis, el protagonista.
Creo que la separación ficción/documental ya no interesa mucho, siempre que sea algo que contenga algo verdadero. Aunque sea difícil de explicar esto último.

Lo siguiente fue un proceso lento y complicado. Jorge Luis es una persona que es recelosa con los periodistas y me tomó mucho trabajo convencerlo de participar. Porque no se trataba de una entrevista sobre “su caso” (el vídeo de YouTube donde él es rescatado desde bajo los escombros) sino se trataba de, literalmente, hacerlo actuar.
Después de convencerlo, procedimos a hacer sus planos de inmediato. El procedimiento fue ir acompañándolo por Pisco, por lugares que le parecían importantes o significativos a él, pero sin fastidiarlo ni interrumpirlo ni interrogarlo. Una vez que ya nos instalábamos en un lugar, entonces ahí empezábamos a planificar el asunto como una “puesta en escena de ficción”, con planos, con ensayos, etc. Ahí ya lo tuvimos que hacer repetir dos, tres veces cada toma. Así, Jorge Luis pasó a ser nuestro actor en todo sentido.

En junio del 2010 terminé la escuela de cine [en España]. Entré a trabajar a mi primer rodaje y luego de esa experiencia (agosto 2010) volví a revisar todas mis cintas. Encontré todo lo grabado sobre Pisco y replanteé toda la idea. La decisión fue quedarse con lo absolutamente esencial. Además, mandé grabar otras imágenes (contraplanos, etc).
La idea de documental extenso quedó en lo que es hoy La calma, un corto silencioso sobre un tema específico: la búsqueda de la paz. Fueron dos meses de encierro, planteamiento y edición del trabajo.

Vean el tráiler de La calma:

¿Cuánto tiempo les tomó hacerlo?
FV: Resumiendo, las primeras imágenes se grabaron el 2008, pero las finales, las decisivas, y el concepto real de la obra, todo esto es del 2010. Si hubiera editado el corto como se pensaba el 2008, sería algo completamente distinto (hubiera sido una especie de largo), para bien o para mal. Así que el corto ha tenido un proceso de tres años donde mutó en varios géneros, en varias duraciones.

¿En qué referentes podemos pensar? ¿Qué películas tuviste en mente?
FV: Si hay un referente ‘emocional’ al menos, es “The House is Black”, de Forugh Farrokhzad [Irán, 1962]. La tranquilidad para narrar algo cercano al sufrimiento era lo que este corto necesitaba. Pero el problema era que no podía usar un narrador, así que la opción fue usar letras, simplemente. Letras como voz en off. Como en una película muda de antaño.

Además, el otro aspecto muy importante es el sonido del cortometraje, ya que se trata de un corto casi “mudo”, solamente con el registro de sonidos cotidianos. No los tuve en mente, pero recuerdo la importancia del sonido en El sol del membrillo [de Victor Erice, España, 1992], cada sonido “cotidiano” que se usa para dar un significado a la “monotonía” del personaje.

¿Cuál fue tu equipo de rodaje? ¿En qué formato grabaste?
FV: Grabamos con una Panasonic MiniDV de un amigo de la PUCP, camarita cuyo trípode se rompió al tercer día del primer viaje. Total de material: 11 horas de grabación (demasiado).
Debido a los varios viajes, todos cubrimos todos los rubros prácticamente. Especialmente Robinson y Carlos. Pero digamos que las funciones oficiales son:

Guión, Dirección, Edición y Post: Fernando Vílchez.
Imágenes: Gisella Barthé/Fernando Vílchez.
Ayudante de Dirección: Robinson Díaz.
Sonido: Paula Chávez.
Producción: Carlos Zevallos.
Música: Rauf Neme.

Cuéntanos sobre ti, y tus proyectos.
FV: Tengo 30 años. Llegué a Madrid hace dos años para estudiar cine. Mientras, he trabajado como reportero/corresponsal para Perú de distintas noticias en Europa. Además grabo y produzco eventos que ocurren en Madrid. El 2010 tuve la suerte de contar con dos hechos que me permitieron vivir cómodamente para dedicarme a editar “La calma” en paz: trabajar en el largometraje ruso To Hear the Sea y “vender” un cortometraje que hice antes: Tercer acto.

De momento, tengo en mente dos metas: la primera es terminar un proyecto del que poco puedo hablar pues aún da vueltas en mi cabeza. Tiene que ver con literatura clásica y, a la vez, con la política peruana. Espero tener un esbozo en los próximos meses para poder planearla sin necesidad de fondos muy altos.
La otra meta es realizar Las cenizas, la película de la cual soy guionista, y dirigida por Raúl del Busto. Creo que es un proyecto importante, que consiguió tener a Carlos Reygadas y a Lita Stantic como productores y que no fue suficientemente apreciado por el jurado de Conacine de aquel año. Raúl es un cineasta que merece total atención en el Perú.

Yapa: Vean en en La Mula una videoentrevista con Fernando.

El mundo educativo, académico y cultural del Perú siente la pérdida del literato, lingüista y maestro Luis Jaime Cisneros, que dejó de existir a los 89 años de edad en la mañana de hoy, en la clínica Ricardo Palma.

Ex presidente de la Academia Peruana de la Lengua y miembro de la Real Academia Española, y catedrático de larga trayectoria en las universidades Católica y San Marcos, entre otros pergaminos, fue autor de una obra numerosa y diversa, dedicando la mayoría de sus trabajos a investigaciones de la lengua española y los mecanismos lingüísticos. Mantuvo hasta el final su columna Aula Precaria en el diario La República, que el pasado domingo trató sobre propuestas educativas para el próximo quinquenio.

En la fotografía, que data de 1956, lo vemos rodeado de entusiastas estudiantes, incluido un jovencísimo Mario Vargas Llosa, luego de que Cisneros, fundador del Partido Demócrata Cristiano del Perú, diera su discurso en el Congreso de esa agrupación política.

En su último libro publicado, la antología de artículos Mis trabajos y los días (Editorial Peisa, Lima 2000), encontramos el texto de despedida que ofrendó a otra entrañable figura, Charles Chaplin, o Charlot, como él tituló.

Charlot

Con la desaparición de Charlie Chaplin han muerto ayer en cada uno de nosotros todas las ilusiones juntas de la infancia. Aquí en la evocación se nos aglomeran los días felices, los premios, las mataperradas que tantas veces compartimos con Charlot. Con él fuimos creciendo, y pasamos de las escenas tiernas a la clara dimensión social. Luces de la ciudad y Candilejas estaban, como El Pibe, encendidas de ternura. Nuestra adolescencia se llamó Tiempos modernos, en que aparecía perfilada la nota humana, la vida, el hombre, consumido por una sociedad que Chaplin criticaba como sólo él solía hacerlo. Luego, las sombras, el dolor de la guerra, la lucha ideológica. Si alguna obra pudo ser capaz de derrotar al fascismo, si alguien pudo inculcar a la gente de bien el horror por el nazismo fue esa extraordinaria obra de El gran dictador. Charles Chaplin, el mago, el incomparable, el burlado, el tímido, el extraordinario emporio de ternura que alimentó nuestra niñez. Todos sentimos hoy muerte chiquita en el corazón, y se nos escurre un frío largo por entre las piernas, como si nos fuesen a quitar las golosinas que acabamos de comprar al entrar al cinema. ¡Charlot!

Scott Hicks es un maduro realizador australiano, nacido en Uganda, caracterizado por hacer a un ritmo espaciado obras de mediana envergadura, en presupuesto y calidad. Su cinta más conocida es Claroscuro (Shine), el biopic intenso, nervioso, que le hizo ganar el Oscar 1996 a Geoffrey Rush por su retrato del pianista David Helfgott. En sus trabajos posteriores, Snow Falling on Cedars (1999), Nostalgia del pasado (2001) y No Reservations (2007), ha confirmado que lo suyo es el filme de género, la corrección formal, y el protagonismo de una figura sólida (Ethan Hawke, Anthony Hopkins, Catherine Zeta–Jones, respectivamente) que apuntale el relato.

De vuelta a la vida (The Boys Are Back) es una nueva expresión de ese estilo. Es un drama doliente, lineal, sobrio, que se centra en la viudez y paternidad caótica de Joe Warr (correcto Clive Owen), un cuarentón que, de pronto, debe re–aprender a relacionarse con sus hijos, no sólo el pequeño huérfano Artie, sino también Harry, el adolescente que creció lejos de sus atenciones y bajo la contrapuesta visión materna; y con las mujeres, la suegra Barbara, la ex esposa Flick y Laura, la joven madre soltera que recién conoce.

La historia de Allan Cubitt, un guionista básicamente televisivo, que adapta la novela The Boys Are Back In Town de Simon Carr, consuma la pérdida de Katy (Laura Fraser) en los primeros minutos sin mayor trámite, y define la dificultad de comunicación de Joe, en la que el dolor no le permite articular respuestas claras ante las inquietudes de Artie, que oscilan entre la inocencia y la sagacidad. Es decir, en un cuarto de hora el mundo del protagonista ya está remecido y se abre una etapa de incertidumbre. Luego, se acumularán las vicisitudes, en una especie de capas sucesivas –arrebatos de Artie, ensimismamiento de Harry, reproches de Barbara y Flick, cercanía insinuante de Laura, exigencias laborales del periodismo deportivo– que juegan con la posibilidad del colapso o el aplomo para afrontarlas.

En ese esquema de apremios que lo rodean, la presencia inasible de Katy, sólo percibida por Joe, se convierte en bálsamo para resolver dudas y calmar sus emociones. La idea apenas se sostiene, porque la puesta en escena poco aguda de Hicks, apoyada principalmente en la vasta geografía campestre y los densos interiores donde el padre busca rehacer la familia, no le atribuye carácter fantástico ni alucinatorio, es simplemente un recurso del que se echa mano cada vez que el viudo no sabe qué hacer, aparece y desaparece sin otra función que dar consejos desde un etéreo más allá que casi parece más acá. Como antítesis, Joe prefiere no profundizar la relación con Laura –una Emma Booth que recuerda los años juveniles de Renée Zellweger–, pese a la evidente afinidad entre ambos.

En esa línea, es cuestión de tiempo que las grietas de la interacción se abran más y provoquen incidentes, pero no siempre con precisión, como ocurre con Barbara, un personaje que nunca concreta si aún no se recupera de la muerte de su hija y trata de reemplazarla con Artie, o si posee el carácter necesario para blindarse no sólo ella sino también para levantar a su yerno y nieto. También el vínculo de Joe con Harry y Flick se vuelve moroso y fuerza los vaivenes entre Inglaterra y Australia, que restan originalidad a la propuesta y confirman su irregularidad.

The Boys Are Back

Dir.: Scott Hicks | 104 min. | Australia – Reino Unido

Intérpretes: Clive Owen (Joe Warr), Emma Booth (Laura), Nicholas McAnulty (Artie), George MacKay (Harry), Laura Fraser (Katy), Barbara (Julia Blake), Flick (Natasha Little), Erik Thomson (Digby).

Estreno en España: 9 de abril de 2010

Estreno en el Perú: 1 de enero de 2011

Ahora que se conmemora el centenario del nacimiento de José María Arguedas, hacemos un recuento de la vinculación de su obra con el cine, la cual no sólo se limita a las contadas adaptaciones que se han hecho de sus cuentos y novelas.

Corrida de toros y condores (1956), de Manuel Chambi

El 20 de noviembre de 1957, el escritor andahuaylino, por entonces director del Instituto de Arte Contemporáneo de Lima, promovió la exhibición en la capital de la obra de los cineastas de la llamada Escuela del Cusco. Cortometrajes como Corpus del Cusco, Lucero de nieve, Carnaval de Kanas y Corrida de toros y cóndores, que incorporaron la presencia del campesino, del mundo indígena y la condición de sus habitantes al cine peruano, fueron conocidos en Lima gracias a sus gestiones. Se proyectaron en el local de la Sociedad Entre Nous, concitando el interés del público e intelectuales de la época como Sebastián Salazar Bondy y Francisco Miró Quesada. Ese mismo año Arguedas publicó un artículo sobre esta muestra titulado “Películas de gesta” en el diario La Crónica y, según testimonia Manuel Chambi, también se involucró como asesor en el proyecto del primer largometraje producido por el colectivo cusqueño: Kukuli (1961).

Jarawi

César Villanueva y Eulogio Nishiyama, integrantes de la Escuela del Cusco, hicieron una libre adaptación del relato “Diamantes y pedernales” de Arguedas con el nombre de Jarawi, largo de 1966 filmado en Chincheros a un costo de 800 mil soles. La película recibió críticas desfavorables y fue un fracaso comercial, lo que trajo consigo la disolución del grupo y sus principales representantes se dedicaron a sus proyectos en solitario. No se conserva copia de esta obra, cuyos negativos se destruyeron en un incendio en los laboratorios Alex de Buenos Aires.

José Luis Rouillón (Lima, 1928), sacerdote jesuita, profesor de cine y literatura, y director del largo Un clarín en la noche (1983) dirigió en los años 70 una serie de cortos centrados en la infancia del novelista: La fuga, El ayllu o Viseca, El arpa, Los cerros, y Juliucha el charanguero. Estas películas se conservan en el archivo que lleva el nombre del escritor, en la Biblioteca Central de la Pontificia Universidad Católica. El cortometrajista Nelson García los comentó así:

En esta serie hay dos Arguedas: uno, el evocado por los amigos de la infancia, y otro el convocado por Rouillón. El primero es el auténtico creador de Amor Mundo, Yawar Fiesta, Todas las sangres, evocado en instantes realmente emotivos para los que conocen la obra del escritor, merced al cine directo de entrevistas. Pero ese es el que aparece menos. El otro, el Arguedas–niño personificado, por medio del cual Rouillón reconstruye el anecdotario infantil, es el que falla.

En la década de los 80 se realizaron adaptaciones de dos novelas de Arguedas: Yawar Fiesta (1986), a cargo de Luis Figueroa, otro miembro de la fenecida Escuela cusqueña, y Todas las sangres (1988), dirigida por el francés Michel Gómez, productor de series y telenovelas. Ambas películas presentaban serios problemas narrativos, afán ilustrativo y retórica declamatoria. La poeta y guionista Giovanna Pollarolo, refiriéndose a esta última cinta, afirma:

La adaptación fue realmente fallida. Una novela compleja, con multitud de historias, con tensión épica y dramática capaz de dar cuenta de un país diverso y múltiple donde diversas perspectivas, requería no sólo un tratamiento selectivo y orgánico desde el punto de vista narrativo, sino, además, la elección de una propuesta coherente que intentara una de entre las muchas lecturas que sugiere la novela. Gómez (el director) optó por la ilustración confusa, por la caótica acumulación de episodios.

Yawar Fiesta, de Luis Figueroa (8 minutos iniciales):

Otras miradas

En 1970 el documentalista cubano Santiago Álvarez adaptó el cuento “El sueño del pongo” en un corto de ocho minutos al estilo de su cine de montaje dialéctico, combinación de imágenes fijas y declarada intencionalidad política, característico de sus trabajos más célebres (Now, Hanoi Martes 13, LBJ) que lo convirtieron en una especie de pionero del videoclip.

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El relato “La agonía del Rasu Ñiti” ha sido objeto de interesantes aproximaciones fílmicas relacionadas con el personaje principal del danzak.

Jorge Vignati (foto Caretas)

Así tenemos Danzante de tijeras, un corto rodado en 1974 por Jorge Vignati mientras trabajaba en la fotografía del frustrado proyecto de Manuel Chambi de una adaptación del referido cuento. Vignati le pidió prestado a Chambi un rollo de película de 10 minutos y decidió por su cuenta realizar, con la complicidad de Fausto Espinoza al sonido y Ricardo Valderrama en la asistencia de dirección, una cinta sobre los conjuntos de danzak de Puquio. El resultado fue un sorprendente plano secuencia, filmado con cámara en mano alrededor de los bailarines, que dura lo que el rollo, y que la revista Hablemos de Cine mencionó entre los mejores cortos nacionales producidos al amparo de la extinta Ley 19327. Tuvo problemas con la censura de la época, tal como cuenta Ricardo Bedoya:

COPROCI dictaminó que la película era enojosa y aburrida y que le hacía falta un nuevo montaje, una estructura más tradicional o la inclusión en la banda sonora de un texto explicativo sobre los orígenes o sentido de esta tradicional danza de las tijeras. Una agria y lamentable disputa sobre la autoría del filme, que firmó Vignati pero pretendió reivindicar Chambi, completó la mala fortuna del corto, considerado por muchos como uno de los más logrados de entre los que se han hecho en el Perú.

Una mención especial merece el galardonado corto Danzak de Gabriela Yepes (2008), exhibido en Cannes y ganador de un premio CONACINE al mejor cortometraje, una relectura de “La agonía del Rasu Ñiti” a través de la historia de Nina, una niña que debe cumplir el último deseo de su padre de conservar la tradición de los danzantes de tijeras.

Hermano compañero, compañero de sangre (2006) de Rómulo Franco Ruiz-Bravo es el primer acercamiento documental realizado a la vida de Arguedas. El video incluye escenas del entierro del escritor, entrevistas a personajes claves e imágenes de los escenarios en los que vivió el autor de “Los ríos profundos”. Fue producido por la Pontificia Universidad Católica a través del Archivo Arguedas a cargo de Carmen María Pinilla, reconocida estudiosa del escritor.

http://videos.pucp.edu.pe/flvplayer.swf?id=1ad4461bdf6472&immage=http://videos.pucp.edu.pe/thumbie2/6472.jpg&autostart=falseExtras:

Fuentes consultadas:

“Diccionario del cortometraje peruano (I) y (II)”. Hablemos de Cine Nro. 70 -71. Lima, abril 1979-1980.“El cine peruano visto por críticos y realizadores”. Balmes Lozano. Cinemateca de Lima, 1989.“100 años de cine en el Perú: una historia crítica”. Ricardo Bedoya. Universidad de Lima, 1992.“El cine en el Perú: 1950-1972. Testimonios”. Giancarlo Carbone. Universidad de Lima, 1993.“Apuntes sobre el cine y la novela en el Perú”. La Gran Ilusión, revista de cine N. 2, Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, 1994.

Categorías: Artículos, Cine peruano, Cortometrajes · Etiquetas: Augusto Tamayo, César Villanueva, Claudia Llosa, El sueño del pongo, Escuela del Cusco, Eulogio Nishiyama, Gabriela Yepes, Jarawi, Jorge Vignati, José Luis Rouillón, José María Arguedas, Kukuli, La agonía del Rasu Ñiti, Luis Figueroa, Michel Gómez, Rómulo Franco, Santiago Álvarez, Todas las sangres, Yawar Fiesta

Esa empresa llamada Monarquía

Albergo pocas dudas de que este año el Oscar vaya a caer en las manos de un Colin Firth entregado y esforzado, nominado el año que hemos despedido por Un hombre solo. Aunque, esas pocas dudas las pesca su compañero de reparto en El discurso del rey (The King’s Speech), otro trabajado Geoffrey Rush. Desde que encarnara al aristocrático Mr. Darcy en la serie británica Orgullo y prejuicio (1995), Firth sabe dar empaque y altivez a los personajes de alcurnia, a los que también sabe dotar de la humanidad necesaria, al fin y al cabo el actor es del condado de Hampshire.

El realizador británico Tom Hooper, cuya experiencia proviene de la televisión, ha conseguido entrar directamente en las preferencias de los Globos de Oro, con una película brillante, tratando un tema, la monarquía, que siempre resulta rentable de cara a premios y prestigios. A la Academia de la industria hollywoodiense le encanta mirar con cierta envidia y baba las historias de esa antigua institución que algunos países europeos se empeñan en conservar, aunque sea a base de naftalina. La corona británica se lleva la palma en adaptaciones. Ahí están todas las producciones sobre Elizabeth I, las de Enrique VIII y sus esposas, la reina Victoria, o la más reciente The Queen, de Frears. Un intento de voyeurismo, de hacerlos humanos y mostrar todas sus debilidades, de quitarles de encima esa oficialidad que no deja entrever alma a la vista. Pero claro, el cine es ilusión. Ilusión que sabe mostrar a través de los pequeños detalles una historia histórica.

Aclaremos que El discurso del rey es antes que una postal sobre la monarquía británica y sus dislates, una pequeña historia sobre la importancia y al mismo tiempo la tortura de hablar en público, un tratado sobre la voz, su modulación y lo que provoca en los demás, una oda a la amistad y a la igualdad. Sí, con ciertos toques irónicos, muy sutilmente distribuidos a lo largo del metraje dentro de unos diálogos y unas ductilidades actorales exquisitas, el guionista David Seidler y Hooper hablan de la autoestima y la falta de cariño, y como éste afecta a la personalidad, y para ello no falta el efectismo visual, a base de movimientos de cámara o el uso del color. La frialdad de la familia real y su entorno (a excepción de la esposa de Bertie) y la calidez de la familia del logopeda, Lionel, están bien delineadas por la decoración, el color, el espacio, como esa especie de claustrofobia que desprende Alberto Federico Arturo Jorge de Windsor, Bertie para los amigos. ¿Pero éste hombre puede tener amigos?

Lionel ayudará al rey que no esperaba serlo a superar su tartamudez. La familiaridad que se toma el actor fracasado, sin título de doctor, que encuentra su vocación ayudando en los problemas de voz, con el Duque y luego rey Jorge VI, da un respiro al espectador que pasa ya de las grandilocuencias monárquicas, a no ser que sean de un pasado muy lejano. Un dato curioso lo constituye esa toma que Hooper construye cuando Bertie y su pizpireta esposa (una estupenda Helena Bonham Carter, actriz maravillosa poco reconocida aún en Hollywood), están sentados concretando un tratamiento frente a un Lionel de pie, por lo que el matrimonio tiene que mirar hacía arriba todo el tiempo, como a un díos en el que depositar cierta esperanza.

Un duelo de actores; un vis a vis entre consagrados que hablan de superaciones en unos escenarios bien pulidos; unos secundarios de lujo, como Guy Pearce, Michael Gambon, Timothy Spall, Derek Jacobi, o Jennifer Ehle, que nos dejan un buen sabor de boca de cine sólido y académico, y el no haber despilfarrado nuestro dinero en el cine.

The King’s Speech

Dir.: Tom Hooper | 118 min | Reino Unido – Australia

Intérpretes: Colin Firth (Príncipe Albert / Rey George VI), Helena Bonham Carter (Reina Elizabeth), Geoffrey Rush (Lionel Logue), Michael Gambon (Rey George V), Guy Pearce (Rey Edward VIII), Timothy Spall (Winston Churchill), Derek Jacobi (Arzobispo Cosmo Lang), Claire Bloom (Reina Mary), Anthony Andrews (Stanley Baldwin), Jennifer Ehle (Myrtle Logue).

Estreno en España: 22 de diciembre de 2010

Categorías: Críticas · Etiquetas: Australia, Colin Firth, Derek Jacobi, El discurso del rey, Geoffrey Rush, Guy Pearce, Helena Bonham Carter, Jennifer Ehle, Michael Gambon, Reino Unido, The King’s Speech, Timothy Spall, Tom Hooper

Las malas intenciones

Empieza a circular la información de lo que ofrecerá la edición 61 de la tradicional Berlinale, que se realizará del 10 al 20 de febrero próximo. Entre los centenares de filmes que se presentarán, figuran dos con mayor o menor grado de participación peruana: Las malas intenciones, de la directora Rosario García–Montero, una producción con Argentina y Alemania que hemos seguido en su largo recorrido en busca de financiamiento; y El chico que miente, de nuestra compatriota Marité Ugás, que representa principalmente a Venezuela y que tiene el honor de ser la primera cinta de esa nación seleccionada por el prestigioso festival.

Actualización [17 enero]: Fernando Vílchez comenta en su blog una gran noticia, la inclusión de su cortometraje La calma en el Berlinale Shorts, la selección oficial de cortos del festival. Estará junto a los trabajos de Spike Jonze, Chan-wook Park, entre otros, todo un lujo. Fernando fue inicialmente elegido para el Talent Campus, pero en vista de esta nueva selección, ha preferido no ser parte de ese taller. Lean una entrevista con el director.

También hay noticias del siguiente filme de Javier Fuentes-León, el proyecto de La mujer que le temía al sol fue seleccionado para el Mercado de Coproducción.

Las películas de Rosario y Marité forman parte de la sección Generation, dedicada a retratos del universo infantil y adolescente. Lo que se sabe de la opera prima de García–Montero, que además produce y escribe, es que está ambientada en el Perú de principios de los años ochenta, en un contexto de violencia subversiva y crisis económica, en el que Cayetana, una solitaria niña expuesta a diversos escenarios de ruptura, interpreta peculiarmente esa inquietante realidad, en una permanente oscilación entre la inocencia y el riesgo. Protagoniza, en su debut en el cine, Fátima Buntinx, acompañada de Katerina D’Onofrio y Paul Vega, entre otros.

Por otro lado, El chico que miente, realizada por dos productoras de Venezuela, Sudaca Films y SF Artefactos, y la empresa peruana Imagen Latina, narra la historia de un adolescente de 13 años que abandona su hogar y emprende un viaje por la costa, sobreviviendo gracias a sus entretenidos relatos sobre la histórica Tragedia del Deslave, ofreciendo distintas versiones de heroísmo y madurando en el camino. La dirección de fotografía es de Micaela Cajahuaringa, y actúan Iker Fernández, Francisco Denis y María Fernanda Ferro.

Este trabajo, que se estrenará en ese país el próximo 28 de enero, vuelve a reunir a Ugás con la venezolana Mariana Rondón, autoras de la coproducción A la medianoche y media (1999) y que esta vez han asumido por separado las labores de dirección y producción, respectivamente. Vean el tráiler:

Además, en la sección Talent Campus participarán tres connacionales más: Rita Solf, Juan Daniel Fernández. y Fernando Vílchez.

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Ukuku

El origen del ukuku se encuentra en la mitología andina: se trata de una criatura nacida de la unión de una mujer con un oso de anteojos, de los que hereda su sabiduría y fuerza, respectivamente. Su condición de semidios le confiere la potestad de salvaguardar la buena conducta de su poblado, sin embargo, su principal función es la de escalar a los más altos nevados de la cordillera para picar un pedazo de hielo que bajará para la ceremonia de purificación del pueblo y de sus primeras cosechas. En los tiempos que corren, es durante la fiesta del Señor de Qoylluriti, en Cusco, (58 días después del Domingo de Resurrección), cuando los ukukus ascienden a los nevados en pos de las bendiciones.

El Ukuku de Gastón Vizcarra respeta las características históricas del personaje, no obstante, sus errores son de narración, pero principalmente de guión. Si bien es atractivo el inicio de su peregrinación alrededor de picos y nubes densas, esta se dilata en su camino hacia la costa, adonde llegaría en busca del hielo que no halló en los nevados deshelados. Los tiempos han cambiado y la naturaleza sufre los efectos del calentamiento global y las incurias del hombre, ergo el ukuku -símbolo de la cosmovisión andina y la conservación del medio ambiente- está desfasado de su contexto y por eso desvaría en la costa.

La inteligente premisa de contrastar la jocosa actitud del ukuku con la irritable conducta de los costeños como símbolo de dos mundos distantes, no dialogantes, se enturbia con un burdo desenlace escrito con la sutileza de un cómico ambulante. En una escena sobreactuada cual sketch, el tiendero acribilla al mitológico personaje en su bodega de la Panamericana Sur. Grotesca y desangelada, es una de las peores escenas del cine peruano en lo que va del siglo.

Sin embargo, hay aspectos a destacar en este cortometraje de 20 minutos, como la panorámica fotografía de Rafael Vizarreta, ataviada con efectos de edición; el majestuoso vestuario de lana del protagonista; la música instrumental compuesta por el criollo Miguel “Chino” Figueroa y la armoniosa narración en quechua del inicio de la leyenda. Por su lado, Vizcarra, también autor del guión de Django la otra cara, mantiene su nivel creativo, uno no muy auspicioso, por cierto.

Ukuku fue uno de los ganadores del Concurso de Cortometrajes de Conacine 2009.

Dir. Gastón Vizcarra | 20 min | Perú

Intérpretes: Sergio Espinoza (Ukuku), Hermelinda Luján (Cantinera), Akinori Sato (Tiendero), Miguel Vergara (Mototaxista), Sergio Bjork (Bebedor)

Los hermanos Jay y Mark Duplass son nombres ilustres de la ulterior comedia indie norteamericana, más precisamente del movimiento estético mumblecore, que a inicios del siglo 21 vino a refrescar la producción independiente gringa, nostálgica de épocas de mejor brillo.

También citado como “Neorrealismo digital” o “Slackavettes” –aleación del título del filme ‘no-narrativo’ de Richard Linklater Slacker y el apellido de John Cassavettes, padrino del indie estadounidense–, el mumblecore hace congruente el rodaje en condiciones desfavorables con sus disparatados argumentos e interpretaciones afectadas. Ínfimos presupuestos, actores no profesionales en escena, cámara en mano –por ende, trémula–, largos planos e hilarantes monólogos improvisados son sus principales características, cuyas películas prefieren abordar los avatares amorosos de las relaciones jóvenes con aflicción y tierna abulia. Entre sus títulos más representativos destacan la fundacional Funny Ha Ha, de Andrew Bujalski; el arquetipo de este estilo Hannah takes the stairs, de Joe Swanberg; la híbrida de terror y comedia Baghead, otra de los Duplass, y la odisea pornográfica Humpday, de Lynn Shelton.

Sin embargo, por más que se le quiera emparentar con el mumblecore antes descrito, Cyrus es un ejemplar de otro muestrario, de un catálogo no más refinado sino más convencional, ergo, más popular y (por qué no) aburguesado. Es una comedia romántica ‘decorada’ de algunos atavíos indies como el exiguo uso de la música incidental, largas conversaciones sin trascendencia y tempo cansino en pos de parecer inteligente, sobria y genial hasta donde pueda. Así son los Duplass con siete millones de dólares (presupuesto del filme), esquemáticos aunque chispeantes, no obstante, evasivos de la insolencia que los hizo respetados. El dinero una vez más haciendo a los cineastas lo que hace con los políticos.

Cyrus es la típica película de perfil ‘independiente’ en la que el lucimiento de los actores se premedita como valor agregado. Por tanto, el estilo de trabajo de estos hermanos, de preponderar la libertad interpretativa de sus elencos, debió dar mejores réditos que la apenas medianía de éste su tercer filme como tándem.

Mas no todo está ahuesado. Lo mejor de Cyrus es su primera parte, en la que no se advierte conflicto alguno sino el comenzar de cero de un patético adulto (John [C. Reilly]) que poco sabe hacer bien: se masturba frente a su laptop, flirtea con torpeza y se emborracha cual adolescente, sin embargo, alguna hermosa mujer (Marisa Tomei) se percata de su atractiva inmadurez y lo seduce. La aparición del hijo de ella, Cyrus (Jonah Hill), un joven de 21 años no inmaduro sino autista a primera vista (y con conflicto edípico), no hacía presagiar el escollo para la relación que realmente sería.

En adelante, la obra discurre en enfrentamientos entre hijo ‘viejo’ y amante nuevo; el John de encanto infantil, errático y enrevesado, cambia a uno confrontador y más pendenciero, entonces el relato se tensa, vira al drama con disfuerzo, sobreponiendo los conflictos del amorío a la crónica del reinicio de la vida romántica del penoso protagonista. La simpatía de los personajes sólo se sostiene en el recuerdo, ni la belleza de Marisa Tomei salva a las últimas secuencias del acartonamiento ni las escaramuzas de los dos gorditos del previsible desenlace.

Indulgentes, los Duplass fueron sólo por nota aprobatoria en su examen de ingreso al establishment. Algunos los calificaron bien, otros preferimos sentenciar su timidez porque mejores cosas que la desapacible Cyrus, contenida a todo nivel y aspecto, pueden hacer. Pese a todo, hubiera sido bueno que se estrenara el 2010, pues para algunos folletines insufribles sí hubo espacio.

ciroDir. Jay y Mark Duplass | 91 min. | EE.UU.

Intérpretes: John C. Reilly (John), Jonah Hill (Cyrus), Marisa Tomei (Molly), Katherine Keener (Jamie), Matt Walsh (Tim), Kathy Wittes (Ashley), Tim Guinee (Roger).

Estreno en España: 25 de octubre de 2010