Scott Hicks es un maduro realizador australiano, nacido en Uganda, caracterizado por hacer a un ritmo espaciado obras de mediana envergadura, en presupuesto y calidad. Su cinta más conocida es Claroscuro (Shine), el biopic intenso, nervioso, que le hizo ganar el Oscar 1996 a Geoffrey Rush por su retrato del pianista David Helfgott. En sus trabajos posteriores, Snow Falling on Cedars (1999), Nostalgia del pasado (2001) y No Reservations (2007), ha confirmado que lo suyo es el filme de género, la corrección formal, y el protagonismo de una figura sólida (Ethan Hawke, Anthony Hopkins, Catherine Zeta–Jones, respectivamente) que apuntale el relato.

De vuelta a la vida (The Boys Are Back) es una nueva expresión de ese estilo. Es un drama doliente, lineal, sobrio, que se centra en la viudez y paternidad caótica de Joe Warr (correcto Clive Owen), un cuarentón que, de pronto, debe re–aprender a relacionarse con sus hijos, no sólo el pequeño huérfano Artie, sino también Harry, el adolescente que creció lejos de sus atenciones y bajo la contrapuesta visión materna; y con las mujeres, la suegra Barbara, la ex esposa Flick y Laura, la joven madre soltera que recién conoce.

La historia de Allan Cubitt, un guionista básicamente televisivo, que adapta la novela The Boys Are Back In Town de Simon Carr, consuma la pérdida de Katy (Laura Fraser) en los primeros minutos sin mayor trámite, y define la dificultad de comunicación de Joe, en la que el dolor no le permite articular respuestas claras ante las inquietudes de Artie, que oscilan entre la inocencia y la sagacidad. Es decir, en un cuarto de hora el mundo del protagonista ya está remecido y se abre una etapa de incertidumbre. Luego, se acumularán las vicisitudes, en una especie de capas sucesivas –arrebatos de Artie, ensimismamiento de Harry, reproches de Barbara y Flick, cercanía insinuante de Laura, exigencias laborales del periodismo deportivo– que juegan con la posibilidad del colapso o el aplomo para afrontarlas.

En ese esquema de apremios que lo rodean, la presencia inasible de Katy, sólo percibida por Joe, se convierte en bálsamo para resolver dudas y calmar sus emociones. La idea apenas se sostiene, porque la puesta en escena poco aguda de Hicks, apoyada principalmente en la vasta geografía campestre y los densos interiores donde el padre busca rehacer la familia, no le atribuye carácter fantástico ni alucinatorio, es simplemente un recurso del que se echa mano cada vez que el viudo no sabe qué hacer, aparece y desaparece sin otra función que dar consejos desde un etéreo más allá que casi parece más acá. Como antítesis, Joe prefiere no profundizar la relación con Laura –una Emma Booth que recuerda los años juveniles de Renée Zellweger–, pese a la evidente afinidad entre ambos.

En esa línea, es cuestión de tiempo que las grietas de la interacción se abran más y provoquen incidentes, pero no siempre con precisión, como ocurre con Barbara, un personaje que nunca concreta si aún no se recupera de la muerte de su hija y trata de reemplazarla con Artie, o si posee el carácter necesario para blindarse no sólo ella sino también para levantar a su yerno y nieto. También el vínculo de Joe con Harry y Flick se vuelve moroso y fuerza los vaivenes entre Inglaterra y Australia, que restan originalidad a la propuesta y confirman su irregularidad.

The Boys Are Back

Dir.: Scott Hicks | 104 min. | Australia – Reino Unido

Intérpretes: Clive Owen (Joe Warr), Emma Booth (Laura), Nicholas McAnulty (Artie), George MacKay (Harry), Laura Fraser (Katy), Barbara (Julia Blake), Flick (Natasha Little), Erik Thomson (Digby).

Estreno en España: 9 de abril de 2010

Estreno en el Perú: 1 de enero de 2011

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